Restaban 15 minutos para terminar. El pescado ya estaba vendido. El Hachita agarró la redonda en la mitad de la cancha y al igual que toda la tarde la perdió de inmediato. Un barbudo empapado en ira saltó de la fila de atrás. Y llevándose las dos manos a la boca para simular un megáfono, aturdió en tono porteño: DESSSSASSSSTRE LUDUEÑA, . . . DESSSSASSSSTRE !!! . . . los esputos llegaron hasta la platea baja.
El Domingo pasado corrí un triatlón en la mágica ciudad de Allen. Con Diego Schimchirimini y Adrián Christiani nos animamos a las tres vayas. Mi rendimiento fue deplorable y el del Gringo anduvo por ahí cerca. La parte de nado la hizo Diego. Este personaje llegó a mi vida cuando mi vida era futbolera. El tenía la 13 de Camisinha. Yo vestía la 19. Los números no tenían que ver con el puesto ( menos mal ). Jugaba atrás ( a veces iba al arco, a veces de nueve ) y era, al igual que los once restantes, una pieza fundamental en el motor violeta que a la postre nos llevara a ser Bicampeones de la máxima categoría en la liga Universitaria.
El Domingo pasado debutó junto a Kakambas en esto de llegar o llegar. En el arroyón de la isla municipal dio su primer paso. Correntada abajo iba junto a otros nadadores que lo dejaban atrás. Su nado era similar al de Carl Lewis ( nótese que Carl no nada, corre ). Lo pasaron hasta las algas. Lo bueno del flojo rendimiento de Diego era que no desentonaba en lo mas mínimo con el resto del equipo. Unas piedras en el camino le suspendieron la braceada. Con el agua a las rodillas salió al trote suave. Algunos metros mas tarde volvió a zambullir su humanidad. Los pescadores que estaban a la orilla del río aseguraron que creció el nivel del agua. En el parque cerrado lo esperaba Adrián para salir a pasear con la mtb. En el parque cerrado ya no quedaban mtb´s. De pronto salió del agua un monstruo con cara de demacrado. Se sacudió la lama que no le quedaba tan mal y con el último esfuerzo le entregó el chuflo verde ( testimonio ) al gringo. Mientras Diego intentaba recuperar aire y Adrián se perdía lentamente en el horizonte, me pareció ver un barbudo empapado en ira, qué saltó de atrás de las vallas de contención y llevándose las dos manos a la boca, y sin esputos aturdió:


